En ese momento en que entré a aquella sala de hospital y te vi dormida en esa cama, llena de cables y pálida; todos los recuerdos se amontonaron en mi cabeza y un escalofrío de terror me sacudió.
Meses antes tuve que escuchar de tu propia voz esa palabra que aún siendo dura, cuando llega, lo es aún más: "eso que tengo no es bueno". Creo que jamás, por cien años que dure, podré olvidar ese instante y aquella frase. De ahí, comenzó un camino que se antojó eterno, lleno de hospitales, pruebas, lágrimas, dudas y miedos.
La vida es demasiado corta mamá, y tu lucha y valentía, aceptando lo bueno como lo malo ha sido la enseñanza más importante que nos has dado y la mejor herencia que nos dejas.
Bien cierto es que uno no sabe lo que tiene hasta que casi cree perderlo...
Eres mi fuerza, mi apoyo y mi ejemplo: Te quiero mamá.
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